En Estados Unidos y Canadá los obispos católicos han hablado muchas veces, fuerte y claro, en grupos o individualmente, exponiendo lo que los datos demuestran: que este tipo de instalaciones aumentan la pobreza, el crimen y la adicción. Todos los datos concluían que el empleo que generaron los casinos era de poca calidad, con bajísimos sueldos. Las promesas de prosperidad y trabajo de la patronal del juego nunca se cumplieron. Los casinos generaron adicción, dañando más y más a los más pobres. En el ambiente que genera la "cultura del casino", dicen los obispos, "no es posible proteger de ese ambiente a los menores". Además, la adicción al juego es mucho más discreta que la adicción al alcohol, que deja señales bastante evidentes muy pronto: cuando descubres que un ser querido es adicto al juego es que ya es muy adicto, que hace mucho que lo es, y que ha hecho desaparecer grandes cantidades de dinero familiar.
Además, los obispos canadienses se plantean el problema de cómo competir desde la ética y no dejarse "contaminar". Por ejemplo, un colegio privado o público se financia con dinero del casino. El colegio organiza actos allí, envía voluntarios, etc... y recibe parte de los beneficios. Con ellos, ofrece pistas deportivas, bibliotecas, ordenadores... financiados con la adicción de gente pobre. Por el otro lado, un colegio católico que quiere ser fiel a la Iglesia se niega a tener estos ingresos inmorales, pero ¿cómo competir con el otro colegio, opulento por servir a la cultura de las apuestas?
Los obispos católicos de Florida quizá son los más veteranos en su lucha contra la industria de los casinos. Empezaron en 1978. En 1986 recordaron que el juego "siempre va acompañado del crimen organizado como se demuestra en todo el país".
Además, los obispos canadienses se plantean el problema de cómo competir desde la ética y no dejarse "contaminar". Por ejemplo, un colegio privado o público se financia con dinero del casino. El colegio organiza actos allí, envía voluntarios, etc... y recibe parte de los beneficios. Con ellos, ofrece pistas deportivas, bibliotecas, ordenadores... financiados con la adicción de gente pobre. Por el otro lado, un colegio católico que quiere ser fiel a la Iglesia se niega a tener estos ingresos inmorales, pero ¿cómo competir con el otro colegio, opulento por servir a la cultura de las apuestas?
Los obispos católicos de Florida quizá son los más veteranos en su lucha contra la industria de los casinos. Empezaron en 1978. En 1986 recordaron que el juego "siempre va acompañado del crimen organizado como se demuestra en todo el país".
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