13 octubre 2008

ARTÍCULO DE Ana Leal Blanco

Cuando he visto y oído al señor Zapatero proponer en la Asamblea de la ONU una moratoria universal de la pena de muerte, con ese énfasis que el sabe poner en lo que dice, he sentido una gran alegría, porque verdaderamente nadie puede quitar la vida a nadie, por mucho mal que haya provocado, incluso siendo un asesino múltiple. Pero inmediatamente he recordado los dos proyectos de ley que tiene su Gobierno encima de la mesa, promovidos por su partido del que él es su Secretario General.
La ampliación de la ley del aborto, convirtiéndola simplemente en una ley de plazos, por la que miles de seres humanos serán condenados a muerte por sus madres, sin ser culpables de nada y sin ningún abogado que los defienda.
O la ley del suicidio asistido, vaya incongruencia, o es suicidio (me provoco la muerte) o es asistido (me matan) por la que van a acabar por todo el que por viejo, enfermo terminal, etc., estorbe.
Entonces mi alegría se ha convertido en rabia y en vez del hombre de Estado, que quería aparentar he visto a un farsante.

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