extracto La Gaceta, 21 oct.
La economía china ha encontrado en el sistema de libre mercado español un lugar en el que prosperar. Los comercios españoles no pueden o no saben enfrentarse a una competencia inasumible.
Hoy, el lugar del que los chinos obtienen todos los productos es el polígono industrial Cobo Calleja, en la localidad madrileña de Fuenlabrada. En su inauguración, en febrero de 2011, el ministro de Fomento, José Blanco, aseguró que se trataba "del mayor centro comercial de empresarios chinos de toda Europa". Este polígono, en el que ya había 400 empresas chinas, se reparte con Santa Coloma de Gramanet y Badalona el grueso de la presencia de importadores y distribuidores chinos en España.
La ampliación del polígono fue aprobada por el Gobierno español debido a la mala situación económica del país -esperaba que se crearan 1.000 puestos de trabajo-. Algo que se entiende aún más después de que el Gobierno chino se comprometiera a comprar otros 6.000 millones de euros -de los 37.000 que ya llevaban- en bonos de deuda española.
Para entender la mentalidad emprendedora/depredadora de los chinos, hay que tener en cuenta cinco aspectos fundamentales. El primero es que si un chino no tiene dinero propio y al contado para abrir un negocio, no lo abre. El dinero que consiga será siempre de la familia pero nunca de un banco. El segundo aspecto es que en China no hay vacaciones ni fiestas de guardar. El tercero, la capacidad que tienen de aguantar condiciones laborales propias de otras épocas. El cuarto, que jamás solicitan subvenciones públicas para evitar el control de una Administración. Y el quinto, que sus tasas de ahorro son elevadísimas porque para ellos todo es negocio. Es la negación del ocio.
Hace más de dos años, en una reunión técnica, funcionarios de varias comunidades autónomas compartieron cifras sobre el comercio chino. Un funcionario ofreció datos de la inspección de consumo y había concluido que más del 90% de los comercios chinos "incumplían todas o la inmensa mayoría" de las normativas sobre etiquetado, horario, seguridad e higiene en el trabajo y licencias. Otro confirmó que el precio de los alquileres de locales comerciales en las mejores calles se había triplicado desde que los chinos habían comenzado a abrir tiendas de ropa. No negocian, no regatean y pagan al contado.
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