Ayer varios diputados nacionalistas señalaban su malestar con el portavoz de los obispos y a todos ellos les puso voz con gran dureza su líder, Iñigo Urkullu. "Apelando a mi conciencia de profundo cristiano, y desde mi práctica religiosa, tengo que decir que no me veo afectado por lo que dice el señor Martínez Camino. Me pregunto si este obispo representa a todos los obispos, y a todos los sacerdotes de la Iglesia católica", sentenció.
Manuel de la Rocha, socialista, insistió en que él votará la norma y apeló también a varias ideas del Concilio Vaticano para concluir: "Las declaraciones de Martínez Camino responden a una opinión personal de este señor, pero estoy convencido de que no son compartidas por la inmensa mayoría de los cristianos y cristianas. El mensaje de Jesús de Nazaret es un mensaje de amor y tolerancia. Las opiniones de Martínez Camino lo son de condena e intolerancia, propias de tiempos y situaciones que creíamos superadas".
En el mismo sentido, José Antonio Pérez Tapias, otro socialista cristiano, sentenció: "Martínez Camino es la muestra de una iglesia que no escucha, sólo condena. Que hace gala de intolerancia y que no es evangélica. Una Iglesia preconciliar que no dialoga con el mundo y menos con las mujeres. La Iglesia no puede imponer su moral a toda la sociedad".
¡ Alguien puede decirles que no es cosa de Martínez Camino sino de la Iglesia y desde sus comienzos!
Si hasta en el Vaticano II, al que apelan, estos ignorantes lo dice: "... Hay quienes se atreven a dar soluciones inmorales.... más aún, ni siquiera retroceden ante el homicidio... el aborto es un crimen abominable" (Gaudium et spes, 51)

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